DÍA DE REYES Y FIN DE LAS NAVIDADES...
Posiblemente hoy terminen los días del año que más detesto, no tengo espíritu navideño y no recuerdo en qué momento lo perdí aunque seguro que fue cuando era bien pequeña. Sólo tengo un recuerdo bueno de la navidad, tenía seis años y los Reyes Magos me trajeron un libro de cuentos, libro que aun conservo y cuentos que he vuelto a leer a mis hijos cuando eran pequeños. No son los típicos cuentos que todos conocemos, tienen moraleja y la mayoría son historias tristes, quizás por eso me gustaron tanto, porque en ese libro no todas las historias terminaban bien, no todos los niños eran felices y era un consuelo saberlo, además tenía unos dibujos preciosos, está tan desgastado que la cubierta se fue despegando y cuesta mantenerlo unido cuando lo coges, incluso todavía hay unas letras escritas a lápiz en la primera hoja con mi nombre y el curso en el que estaba entonces 1ºB.
Comprendí a temprana edad que en estas fechas la gente habla de espíritu navideño pero en la mayoría de los hogares lo que reina es la hipocresía y el consumismo, parece ser que en tres semanas tienes que gastarte lo que no te gastas en tres meses, comer o cenar en un día lo que sueles en una semana y para regalar el día de Reyes lo más caro o lo último que se lleve o nos aconsejen en la publicidad. Por suerte mis hijos siempre han escrito sus respectivas cartas pero les pedían a los Reyes que trajeran lo que pudieran, a veces hacían una pequeña anotación con alguna cosa que les gustaba de verdad pero sin exigir nada, siempre han hecho que me sienta muy orgullosa de ellos y creo que esto es una prueba evidente de ello.
No creo que los regalos más caros sean los mejores o los que más ilusión te hacen, no creo que aquel libro le costara una barbaridad a mi madre, seguramente lo compró ajustándose a el presupuesto que tenía en aquel entonces que me consta que no era mucho sino más bien poco, pero seguro que mi cara al abrir el paquete la tranquilizara pensando en que aunque no había costado mucho nada me podía haber hecho más ilusión.
Da igual lo que te gastes en un regalo, si no le pones el cariño necesario por mucho que te gastes quizás a la persona que va destinado en el momento le encante pero no lo recordará ni lo conservará como si de un tesoro se tratase. Me gusta el día de Reyes, es el único que se salva de la quema de estas fechas, me encanta ver las caras de mis hijos al desenvolver esos regalos que no tienen ni idea de lo que son hasta que están abiertos y espero que cuando tengan mi edad recuerden esos días porque todo el cariño y la ilusión del mundo están puestos en esos paquetes al elegirlos y prepararlos, ah, y también adoro el roscón, que todo hay que decirlo...





delavidaysuscosas dijo
Pues mira por donde coincido contigo en todo lo que dices... :-)
Las Navidades, si pudiera, promulgaría una ley orgánica que las prohibiera. Ni me gustan ahora ni me han gustado nunca... Eso de tener que reunirnos con familiares con los que el resto del año no tenemos casi ningú tipo de contacto, poner buenas caras aunqueno te apetezca, romperte la cabeza encontrando ese regalo de compromiso...
Me gustan las reuniones que se deciden de un momento a otro; sin formulismos y porque son sentidas.
Mis hijos son unos bichos raros que están fuera de las modas y del círculo del consumismo. Hace unas semanas le pregunté a mi hija si no querría como regalo un nuevo móvil, porque el suyo está ya más bien anticuado. Y me respondió: ¿y para qué lo quiero si este me va muy bien? Cuando se me estropee ya me compraréis otro...
Y así son con todo... La verdad es que no sé muy bien si es que es algo genético en ellos o por lo que les hemos ido inculcando a través de los años.
Mi roscón de este año es de nata, que me encanta... :-)
6 Enero 2011 | 12:32 PM