Hasta siempre
Me pasé la mayor parte de mi vida intentado demostrar a todos que no era tan mala pero sobre todo a ella, si ahora hay algo que me consuela es saber que lo conseguí…
La primera vez que estuvo ingresada en el hospital por una neumonía se dio cuenta de que estaba allí, a su lado, que a pesar de que le había gastado algunas bromas al respecto cuando hablábamos del tema y me preguntaba que si yo llegado el caso la lavaría y todo eso vio que sí, que lo hacía y de buena gana.
Siempre me decían que yo era la que más me parecía a mi padre y eso jugaba en mi contra, parecerse a alguien que es un maltratador, un mal marido, mal padre y en general muy mala persona no era una referencia lo que se dice buena, con el tiempo demostré a todos que aunque mi genio no me lo quita nadie mi forma de ser no tiene nada que ver con todas esas cosas que tanto daño nos hicieron y, aun hoy, siguen dañándonos, por suerte en lo único que me parezco a él es en la afición por las artes plásticas y por la música, esto también conseguí demostrarlo, acabo de enterarme que estos últimos años presumía de que yo había heredado de ella mis dotes para la costura.
El plazo de dos meses se acabó, nunca un plazo de este tipo es suficiente pero siento calma cuando pienso en todas las horas que he compartido con ella, en los muchísimos achuchones y besos que la he podido dar sobre todo sus últimos cuatro días cuando estaba con morfina y parecía que no se daba cuenta porque sus ojos estaban cerrados y no podía hablar pero sí, cuando la hablaba sentada o tumbada a su lado su mano sin apenas fuerza me buscaba y esto me dolía tanto como me reconfortaba.
La vida me ha puesto a prueba, he sido capaz de cambiarla pañales y de que no se sintiera mal por ello, lo hacía con la mejor de mis sonrisas a la vez que la daba besos y más besos para que viera que no sólo no me importaba sino que lo hacía encantada. He estado sus últimos cuatro días de vida sin moverme de su lado ni de día ni de noche, una vez que se fue la vestí con la ropa que tenía preparada desde hacía tiempo para cuando llegara “su momento” y tenerla sin vida entre mis brazos mientras que se la ponía creo que fue incluso peor que el momento de su muerte, nunca había asistido a un entierro, me superaba la idea de que estuviesen metiendo a alguien a quien conocía bajo tierra y estuve con ella hasta en ese momento, ahora descansa con sus padres y su hermana, en su pueblo ,como ella deseaba, sé que era muy mayor pero eso no alivia que ya no esté en nuestro día a día y hay imágenes que se han quedado grabadas en mi mente aunque sé que con el tiempo se irán disipando, nunca había visto la muerte tan de cerca…
Tenía la ilusión de que yo conservara su máquina de coser, se la compraron cuando era muy pequeña y decía que era lo único de valor que tenía, ahora me pertenece y la guardo como el mayor de los tesoros, creo que este detalle fue el que me hizo darme cuenta de que ya sabía como era yo en realidad y de que me quería tanto como yo a ella, cuando levante un poco el ánimo me pondré manos a la obra para restaurar la madera de esta joya y quién sabe, quizás la próxima en heredarla sea mi hija o incluso mi nieta…





furtiva dijo
Fantástico legado el que recibes de tu abuela. Una singer parecida a esa conserva mi madre de la suya y lo más mágico de esa máquina es que aunque mi madre no cosa, la singer se encarga de coser día a día cada mirada que en ella se deposita y es capaz de hilvanar el tiempo de ayer con el de hoy de tal forma que una sábana de recuerdos tapice el salón de su casa.
Seguro que con tu buena maña para las restauraciones quedará preciosa, tu cariño será el mejor lustre que pueda tener esa madera que aún hoy conserva parte de vida y si ella presumía de que su nieta había heredado sus dotes para la costura tendrás que aplicarte eso de “para muestra un botón..”........ ;)
Es cierto que también heredamos los genes, incluso de personas que no se comportaron como tal, pero eso solo afecta al carácter o como dices al genio. Cada persona es diferente, con un corazón y alma única que es la que se encarga de empujar nuestros actos y está claro que eso no lo has heredado, por lo menos de tu padre.
Y no me enrollo más porque ya sabes el resto.... las fuerzas salen de donde no las hay cuando la mano que asoma bajo las sábanas habla con el calor de una caricia...
Muchos besos, y otros tantos achuchones.
22 Octubre 2010 | 04:57 PM